martes, 29 de mayo de 2012

He bebido un poco de vino















Pudiera ser un estorbo la belleza. Pudiera ser que caer en la trampa de la estética nos condene a merodear eternamente por las afueras, a no encontrar nunca el camino de regreso al centro.
O pudiera ser un arte eso de perderse. La única forma el de vida dar vueltas alrededor de.
No sé. A menudo me sorprende la superioridad moral, la cualidad casi divina que muchos hombres atribuyen a la belleza, como si ese combinado genético, aleatorio y casual fuera una suerte de destino superior, un rasgo heroico, un verdadero talento, que llega a confundirse con el bien. Como si el barman no fuera dipsómano perdido.

A los delincuentes físicamente agraciados les caen condenas más suaves, lo dice un estudio.
Los bebés sonríen más a las personas guapas. Lo dice otro estudio.
Hay estudios que avalan esta tesis, y estudios que avalan la contraria. Lo dice otro estudio.
Hay estudios sobre lo que dicen los estudios que dicen los estudios.
En fin, salgamos de este jardín de puntillas.

Decía que no sé si la belleza puramente física es un estorbo, una cualidad, un síntoma, un valor que empieza y termina en sí mismo, o la parte visible de un esplendoroso iceberg.  
Yo misma me sorprendí el otro día, hipnotizada por la cadencia de un culo (femenino) que caminaba delante de mí, extasiada por el milagro de esa curva perfecta, por la gravitante belleza del volumen hecho carne. De verdad que no pude dejar de mirar ese culo.

Ya convinimos tú y yo que inteligencia y bondad- las auténticas y no esas impostoras políticamente correctas que se pavonean por los medios- eran dos formas de referirse a lo mismo, pero ¿y la belleza?, ¿dónde queda la belleza en todo esto?
Los griegos, que todo lo inventaron, hasta la palabra crisis, le formularon al tiempo, aún virgen, todas las preguntas posibles, haciendo del interrogante acerca de la belleza el objeto del arte, ahorrándonos siglos y siglos de frivolidad.
Sócrates distinguía entre las cosas bellas y la belleza, para Platón, la belleza tangible era sólo una sombra, el concepto real de belleza sólo podía hallarse en la inteligencia.
En la ética de Aristóteles lo bello era lo bueno, cuando el bien adquiría visibilidad, se hacía bello. Un beso, Aristóteles.
Bondad, inteligencia, belleza, al final va a resultar todo lo mismo, vivir, morir, lo mismo, vaya mierda de conclusiones a las que llego ¿verdad?, ¿la verdad? también al saco. Bondad, inteligencia, belleza, verdad. Todo lo mismo.

A veces estoy deseando arrugarme y degradarme (y hasta depravarme) para dejar que la auténtica belleza emerja, para ir centrándome, despejando incógnitas y que no quede espacio para la duda.
Mientras, el mejor piropo sigue siendo el que dijo Sacha: Dios mío, ¡qué guapa estabas esta tarde cuando hablamos por teléfono!

domingo, 20 de mayo de 2012

Tengo buen carácter





















Tengo buen carácter. La sensibilidad sin las riendas de la inteligencia se me antoja un carro desbocado a la locura. M. dijo: ¡¡¡pero si está completamente tarado!!! Tengo buen carácter. Quiero que cojas mi mano cuando caigo, quiero que sueltes mi mano cuando empiezo a flotar. No quiero que cojas mi mano cuando floto. No quiero que sueltes mi mano cuando caigo. No quiero que estés a expensas de lo que yo quiero, joder. Tengo buen carácter. Le di la vuelta al calcetín de la virtud y apareció un defecto, ni siquiera una patata, sólo un defecto. Lo volví a su posición original y era de nuevo un calcetín. Tengo buen carácter.  Domestiqué la rutina, le pelé al amor todas las capas hasta que quedó un hueso, un hueso duro de roer. Me gusta el ruidito que hace al darle vueltas en mi boca. Tengo buen carácter. Creo serenamente en la violencia, en la justicia de Clint Eastwood, en las bombas que respetan a los inocentes y hacen estallar el mal en mil pedazos. Tengo buen carácter. Dijo padre y pensé asco. Dijo madre y pensé pena. Dijo hermana y pensé envidia. Dije hijo y pensé amor. Tengo buen carácter. 

domingo, 13 de mayo de 2012

Libro del desasosiego





















Ha sucedido un hecho histórico: por primera vez en mi vida he agarrado un lápiz para subrayar un libro. Un libro de libre elección, valga la cacofonía, un libro de relajo, el Libro del desasosiego.
Y digo histórico porque siempre he intentado mantener la lectura en el territorio del placer, he procurado darles libertad a las palabras, que con la pértiga de las ideas se encaramaran por sí mismas a la memoria, se subrayaran en el aire, sólo las más fuertes, las seleccionadas por la ley natural de superviviencia neuronal.
Y no hacer de la lectura un objeto de estudio, ni un objeto de lucimiento, ni un objeto de tocador, sí un objeto erótico si quieres, que excite mi imaginación y haga convulsionar mi pensamiento.

He subrayado aunque no sé por qué si yo leo para olvidar.

Desde luego no ha sido para hacer nada que se parezca a la crítica literaria. Constato últimamente que soy perfectamente incapaz de cualquier ejercicio de crítica literaria, no sé si por no manejar unos códigos específicos, por carecer del aparataje teórico adecuado o por pura indisposición genética. Lo que por supuesto no supone indisposición alguna para escribir.
Supongo que eso es lo que a menudo me revienta: la facilidad con la que se confunden teoría literaria y literatura, identificándolas sin miramientos, casi desliéndolas, insertando un discurso en el otro, en lugar de edificar el uno sobre el otro.
Esa proposición falaz de: si eres capaz de leer elevado y analítico, eres capaz de escribir bien, olvidando que en esa ecuación falta la emoción.
Y es que, puestos a conectar, ¿por qué no conectar literatura y programas políticos si algunos contienen más ficción que las obras completas de Tolkien?, ¿o literatura y prospectos de medicamento?, ¿o literatura y constitución, esa obra que sin necesidad de reescribirse está pasando del realismo sucio a la ciencia ficción?  

Como ser animal que sólo sabe leer desde la emoción, racional, pero emoción al fin y al cabo, mis argumentos se reducen a: mencanta, no me va demasiao o ma flipao.
Y no quiero con ello hacer apología de la incultura por evitar la propagación de la pedantería pero sospecho que para analizar un libro, hay que matarlo un poco, convertirlo en carne muerta para así desentrañar la enfermedad que esconde.
Convertirse uno mismo en el forense que escarba, con o sin permiso de la familia, en busca de la causa que lo mató. Olvidando que la enfermedad es la vida, y la literatura sólo pequeñas cápsulas que alivian los síntomas.

Y aún así, he subrayado con mi bisturí frases del infinito Pessoa, sin saber bien por qué:  

"Me he creado eco y abismo, pensando. Me he multiplicado, profundizándome".

"Todo lo que duerme es niño de nuevo".

"Una sola cosa me maravilla más que la estupidez con que la mayoría de los hombres vive su vida: es la inteligencia que hay en esa estupidez".

"Sabio es quien monotoniza la existencia puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla".


domingo, 6 de mayo de 2012

Gran Vilas














Vino Vilas y habló de autoficción.
Vino Vilas para tomar Valencia y hacernos súbditos de Ciudad Vilas, como Elvis hizo con Las Vegas, como Dylan con el cielo.
Habló el gran Vilas de ese otro Vilas que merodea por sus novelas y por su poesía y al que, no conforme, últimamente le ha dado por asaltar los títulos, el muy bandolero, Gran Vilas.
Confesó Vilas que le horrorizaba envejecer, y que los escritores son todos unos tarados, como si él mismo fuera un escritor y no un personaje de autoficción.
Habló Vilas de Houellebecq degollado, habló de la picha con baba verde de Paul Auster, habló del cadáver aún caliente de la ficción pura, del deseo postmoderno, impúdico, de besar ese cadáver.
Habló Vilas. Vilas habló. Y al final de todos los espejos, quedó plantado un tipo con aspecto rockero y ojos castizos, mirándose fijamente. Qué loco, pensé.
Habló Vilas de cómo fortalecer los bíceps de la autoficción para ensanchar la vida, lo suficiente como para que quepa en un libro.
Habló Vilas de Javier Cercas, y de la imposibilidad del relato real de driblar la ficción, de Vila Matas y de la autoficción como una autobiografía bajo sospecha.

Habló Vilas de lo que quiso porque todo le está permitido a alguien capaz de titular un libro Amor, y otro España. Todo.

Bebimos vino y habló Dylan en boca de Vilas: no fear, no envy, no meaness.
Bebimos vino y recitó Vilas un poema de Gran Vilas, Ciudad Vilas, y fue un regalo luminoso o un luminoso regalo, no me quedó claro. 
Bebimos vino hasta que las mejores versiones de nuestra autoficción, las del vino, hablaron, y tomaron las calles, y se hicieron las reinas de la noche, tan hermosas y desarraigadas, que reventaban todos los espejos a su paso.
Muy lejos, en el horizonte, parpadeaban melancólicas las luces de Ciudad Vilas.



Ciudad Vilas

Crímenes contra la humanidad en Ciudad Vilas.

Hoteles de lujo decadente a precios populares en Ciudad Vilas.

Descapotables negros con mujeres
de vestidos rojos con grandes escotes en Ciudad Vilas.

Mac Donalds colgdos del cielo en Ciudad Vilas.

Hombres ahorcados en los árboles más altos
de los góticos parques de Ciudad Vilas.

Sacerdotes predicando subidos en barcas
en los ríos de ciudad Vilas.

Estatuas de Manuel Vilas en las palazas,
en las rotondas, en los museos de Ciudad Vilas.

Adosados radiantes, institutos luminosos
de enseñanza secundaria
en las circunvalaciones de Ciudad Vilas.

Bares con hombres destruidos dentro
y cervezas de marcas desconocidas
en los arrabales histéricos de Ciudad Vilas.

Hospitales con médicos y enfermeras negligentes
construidos sobre las colinas desérticas de Ciudad Vilas.

Piscinas doradas, con agua de diamantes, en ciudad Vilas.

Calles con alma en Ciudad Vilas.

Mujeres enamoradas en los balcones
de las casas antiguas de Ciudad Vilas.

Fnacs Y Corte Inglés y Casas del Libro
donde sólo venden libros de Manuel Vilas
en el centro neurálgico de Ciudad Vilas.

Heladerías subterráneas donde se hace el amor en Ciudad Vilas.

Veleros y balandros en las playas agnósticas de Ciudad Vilas.

Concesionarios Mercedes- Benz en las calles principales de Ciudad Vilas.

Iglesias metodistas en Ciudad Vilas.

Armerías con armas automáticas sin licencia en Ciudad Vilas.

Mujeres verdaderamente libres al fin en Ciudad Vilas.

Negros de lujo casados con chinas comunistas en Ciudad Vilas.

Gente que se besa, que se muerde con furia en los lujosos vagones del Metro de Ciudad Vilas.

Pelirrojas enamoradas de Manuel Vilas en Ciudad Vilas.

Rubias bellísimas y fatales enamoradas de Manuel Vilas dándose muerte porque Manuel Vilas ya no las ama en Ciudad Vilas.

Estatuas neoclásicas con el rostro del padre
de Manuel Vilas en los jardines infantiles de Ciudad Vilas.

La primavera es una época de tormentas radiantes en Ciudad Vilas.

Novios de veinte años besándose en las avenidas de Ciudad Vilas.

Alegría sin fin hasta la desesperación luminosa en Ciudad Vilas.

Pasiones que devoran toda forma de civilización en Ciudad Vilas.

El conde de Montecristo y madame Bovary se casaron y viven felices en un apartamento del centro en Ciudad Vilas.

Jimi Hendrix da un concierto todas las noches de verano en el gran auditorio al aire libre en Ciudad Vilas.

Mujeres enamoradas de hombres gloriosamente
enamorados de sí mismos en Ciudad Vilas.

Hombres que lloran porque aún quieren amar más en Ciudad Vilas.

Elvis Presley vive completamente solo y anónimo
en un barrio obrero a las afueras de Ciudad Vilas.

El capitalismo es una rosa humana y revolucionaria en Ciudad Vilas.

Los mejores ministros de Dios consuelan a los pecadores
En las elegantes iglesias de Ciudad Vilas

Amor, amor, y amor siempre en Ciudad Vilas.

Hombres y mujeres que no creéis en nada
pero sin embargo estáis enamorados
os esperamos a todos en Ciudad Vilas.

Ven a Ciudad Vilas, te queremos.

Ven a Ciudad Vilas, triunfarás aquí.

Segundas y terceras y cuartas oportunidades auténticas
para cambiar tu vida de una vez por todas en Ciudad Vilas.

Ella dijo a todos sus amantes “os espero en Ciudad Vilas”.

Él dijo a sus chicas “Nos casaremos en Ciudad Vilas”.

Bienvenido a Ciudad Vilas.

Bienvenido a la ciudad del Amor.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Blister in the sun



Hay dos velocidades: morir lento o morir rápido. Vengo de leer Últimas sesiones con Marilyn, qué gran repris el de Marilyn, qué velocidad supersónica alcanzó su vida.

-         Mire, doctor, -le dijo a Greenson cuando apareció por la noche-, he encontrado mi definición de la muerte. Un cuerpo del que hay que deshacerse. Los supervivientes no piensan en otra cosa. Es un poco como esos hombres que te siguen por la calle. También el sexo es a menudo un cuerpo del que hay que deshacerse. Un cuerpo de más que confían en quitarse de encima dando una vueltecita por el interior. Redacté un testamento en Nueva York, durante mi primer análisis con la húngara. Y este era mi epitafio: Marilyn Monroe, rubia: 94-53-89.

Con una risa apagada, añadió:

-          Creo que lo voy a mantener aunque habrá que revisar las medidas.

Y unas páginas más allá:

Weatherby hubiese preferido no sentir su olor. Olía a suciedad, a temblores, a lágrimas.
-          He estado a punto de no venir- empezó Marilyn.
-          Me alegro de que hayas venido. ¿A qué te dedicas por aquí?
-          No lo sé. Estoy en el fondo de la piscina. Doy patadas para salir a la superficie. No lo sé. Preferiría quedarme abajo, lejos.
-          ¿Estás triste?
-          Si tú lo dices. Y aunque tú no lo digas…

Tengo predilección por los impacientes. A menudo me sucede que caigo en un poema que me gusta, triste si tú lo dices y aunque tú no lo digas, que me apasiona, y descubro que el autor se suicidó. En ese orden, primero me gusta, luego se suicidó. No causal, sí consecutivo.
Y no se trata sólo de impaciencia, cabría hablar de intensidad.


Le dije: Yo lo intento. Por la misma razón que un perro confía y un gato desconfía, yo lo intento. Y si hay que convertir el fracaso en un arte, se convierte y punto.

Tienes que tener cuidado porque asustas a la gente, me dijo. No se puede ir por ahí con todas las verdades al aire, me dijo.

Cerré las piernas en un acto instintivo, como si la verdad fuera un desagradable olor que emanara directamente del coño.

Voy a empeñar mis palabras, haré un inventario de pérdidas con los silencios, y empeñaré mis palabras, eso voy a hacer, le aseguré.

Él asintió, aburrido.

Y si hace falta me contendré, me contendré hasta reventar como una ampolla al sol, like a blister in the sun, añadí.

No exageres, nena, no exageres.

(Es que me da tanta marcha esta canción).

domingo, 22 de abril de 2012

Regar de vez en cuando



Madurar, ser capaz de cuidar de esa lechuga llamada inocencia, verde como el porvenir. El corazón es un invernadero hecho de plástico y retales del que escapa un tallo salvaje que pincha el cielo y derrama una gota de sol.
Protegerla del viento, de las heladas, de los telediarios, de las pezuñas de los que huyen.
Que no muera. Cuidar cada hoja.
Y comprender lo delicado, la perennidad del presente, las rodillas, el mentón alzado,
la salvaje determinación de lo delicado.
Regar de vez en cuando.

Dicen que en este mundo hay tres clases de personas: las que saben contar y las que no.
Dicen que existen dos millones trescientas veinticinco mil setecientas cincuenta y tres maneras de traicionarse, una forma de ser fiel.
Hablan de la renuencia del alambre a ser enderezado una vez se ha torcido.
Del hambre que sólo se sacia con más hambre.  
Del pájaro negro que se posa en el pecho y picotea verdades.
De los garbanzos que germinan en el estómago.

Creo que soy feliz por ser capaz de toda esta tristeza aún.

domingo, 15 de abril de 2012

Y si reniega de España

     Un español visto por Josep.

Y si reniega de España, es que es español. A veces me siento tan española. Aún diría más, españolisísima. Y no sólo porque venga de leer a Vilas, que es español pero más del norte de EEUU, español de letra, pero anglosajón de música, sino porque tengo muy arraigado el vicio de renegar de mí misma.

No sé si la generación Nocilla y casi cualquier escritor de corte de pelo moderno es más español precisamente por renegar de lo español. Si hay vida más allá del pop literario. Y quede claro que a mí me mola la estética zappineante, rítmica y furiosa, y que te maquees y te pongas guapo para mí, aunque ya no se lleve el tupé. Que yo también sospecho que más allá del pop o del after pop, se extiende un inmenso vacío.
Y sin embargo sigue siendo la vida eso que sucede en un deslunado del barrio de san Marcelino, bañado por la misma luna que baña el desierto de Arizona.

La trampa de escribir es que no se puede escribir bien sin haber leído, pero tampoco se puede escribir bien sin haber desleído. Hay que leer mucho para que no sirva absolutamente para nada. En general en eso consiste el conocimiento, no en llenar vacíos sino en darle puntapiés a las inseguridades, en confirmar que no hay nada que no se supiera ya, que maduramos hacia la infancia, como decía Bruno Schulz. En darle un sustento teórico a esa experiencia de vida y hacer de los otros nuestros límites, no nuestras moradas.
Puede parecer idiota e incluso inútil, en todo caso no lo es más que vivir. Idiota, inútil y maravilloso. Y en ese sentido, escribir se parece a vivir, construir como si no nos dirigiéramos con paso firme hacia la nada. Caminar como si nunca fueran a acabarse los pies. Un absurdo perfectamente lógico.

Por qué necesitamos que nos expliquen la vida, ponerle un subtexto y revivirla, eso yo no lo sé. Por qué los bisontes en la caverna, por qué los griegos en busca de la belleza, por qué Mozart.
Sí creo que la vida que no es narrada es un poco menos vida. Y que esa necesidad de escribirla, que no sé de donde viene, debería ser el único filtro a la hora de escribir. Y no salir guapo en ese retrato en el que se coloca la cabeza sobre un cuerpo de cartón ajeno.

Por eso suele interesarme más que me cuenten lo que sucede aquí desde aquí, y no lo que sucedería aquí si viniera un norteamericano, por molón que sea, y nos mirara con sus privilegiados ojos, infinitamente más cools.
Que me cuenten cómo es esta España en la que vivo, alguna de las miles de españas en las que vivo, no sólo a través de una trama española, un político de medio pelo, un nuevo rico constructor, un parado de larga duración, un presentador de un programa de telebasura, sino a través de un estilo español, de una estética que no sepa nadar y no alcance a cruzar el charco. En definitiva, que no reniegue de sí misma.

viernes, 6 de abril de 2012

Hagan juego, señores!

Yo creo que España entera debería convertirse en un inmenso casino, en el paraíso terrenal del juego, una reinterpretación castiza de Las Vegas pasada por el filtro autóctono de Benidorm, Seseña, las fiestas del Toro de la Vega, la semana santa sevillana, las fallas valencianas y los hogares de los jubilados de todos los pueblos de España, con eñe.

Y es que el juego corre por las venas de cualquier español de bien, España es el lugar con más bares, y en cada bar, una tragaperras, y cerca de la tragaperras, una mano echando perras y la otra equilibrando el peso con un quinto, un carajillo o un coñac.
Qué puede haber más español que jugar y beber, ese debería ser nuestro valor de marca, mucho más que el sol, el rojo y el amarillo, que setenta olés coreados al unísono.

Un gran casino, en eso debería convertirse España.
Con una gran cruz en su cúspide, que no hay que perder las buenas costumbres, y a fin de cuentas, apostar al destino de dios viene a ser como apostar a la ruleta.

Ni pesetas ni euros, las fichas de casino como moneda nacional.
Los ludópatas serán vistos como impulsores de la economía.
Los especuladores como los salvadores de la patria.
En lugar de apostar a la brisca, apostaremos a la prima de riesgo.
El hilo musical correrá a cargo de Concha Piquer, el primer Julio Iglesias, las Grecas y Bustamante. Alternos. Pero siempre los mismos.
De Guindos- krusty ejercerá como croupier, un excelente croupier, por su pasado como experto mago haciendo trucos de cartas.
Cospedal se encargará de la seguridad. Palizas en el callejón a los listillos que traten de hacer trampas y ganarle al casino.
“Ganarle al casino es ser antipatriota”, dirá en declaraciones a la prensa.
Camilo Sesto redivivo actuará en vivo (ready?) todas las noches.
Ana Botella dirá que no hay premio al mezclar peras con manzanas, refiriéndose por supuesto a las máquinas tragaperras.
Concejales de urbanismo, venidos de todos los pueblos de España, se encargarán de las relaciones públicas.
Se privatizará la dignidad, la honradez y las buenas costumbres.
Se jugarán bonos de asistencia médica para la seguridad social. ¿Eso no era un grupo de música? preguntarán los más jóvenes del lugar. Come ranas, piropó, piropó, piropó.
Esperanza Aguirre tirará la casa por la ventana: “todos los jubilados que vengan a trabajar como voluntarios recibirán fichas gratis para jugar al bacarrá”.
Se jugarán bonos de educación pública.
Gallardón: “Cualquier madre podrá apostar libremente el sexo de su hijo, persiguiendo los designios del dios de la gran ruleta”.
Se jugarán becas para cursar estudios.
Rubalcaba pedirá cambio para una ficha de 500.
Tras la actuación de Camilo Sesto, Soraya Sáenz de Santamaría hará un número de baile inspirado en Cabaret.

Como en la España de hoy, la banca siempre ganará, pero no me negarás que será mucho más divertido.

domingo, 1 de abril de 2012

Me gusta


- Le he dado me gusta a más de 2000 páginas. Empecé con que me gusta Kafka, claro, ¿a quién no le gusta Kafka?, luego que si Satie, que si Bernhard, que si Pessoa, más tarde que si el autobús negro “Unidad uno” de Johnny Cash, que si los encuadres bizarros de Carl Theodor Dreyer, que si el aire visible que respiran los personajes de Raymond Carver. Ya no puedo parar. Todos los días busco nuevas páginas a las que declarar mi gusto. Y soy consciente de que en lugar de definirme, me desdibujo, en vez de mover los brazos desde la playa, en esa isla desierta que somos todos y cada uno de nosotros, me ahogo en el mar de la abundancia. ¿Quién va a rescatarme así? Es un problema… Temo que algún día no quede nada que me guste sin clicar. Bueno, no es del todo cierto, lo que en realidad temo es que no haya fin, que me sigan gustando páginas y más páginas hasta que… hasta que… ¿entiende lo que le digo?
- Ajá…
- Y me pregunto: ¿qué es la cultura?, ¿un escaparate, una plancha de estampación para camisetas, un señuelo para ligar, unas alzas para otear, un estupefaciente más? La cultura ¿se consume, se esnifa, se gusta?
El otro día me vi una peli sólo para poder darle al me gusta. Creo que si al pasar por ti no te transforma, es una puta mierda eso llamado cultura, y disculpe que sea soez, ¿no piensa usted lo mismo?
-Ajá…
- No hay carretera humana para tanto coche. El otro día puse que me gustaba el cine, así sin más. Y luego que me gustaba la comida, ¿qué será lo próximo: que me gusta respirar? Estoy preocupado, noto que se me está yendo de las manos. Temo que desemboque en un trastorno obsesivo-compulsivo, eso que llaman con acierto TOC, como un golpe dado a la puerta del cerebro. ¿Qué opina usted?
-Ajá...
- No puedo parar. Todo empieza con un deseo, frágil como un polluelo, incubado por esa necesidad de perfección u/o belleza artística, que eclosiona con un clic. Pero cada clic, en vez de calmar mi sed, la aumenta y esa sensación en principio placentera crece en intensidad hasta hacerse angustiosa, dolorosa. Y de pronto me doy cuenta de que cuanto más le doy al me gusta, más se alejan esas obras de mí… Es un proceso extraño… agridulce…
- Pero lo importante: ¿le gusta?
- Ajá...

sábado, 24 de marzo de 2012

Ponernos el sombrero para comprobar que existimos


El otro día fue el día mundial de la poesía.

- Llegas tarde, como siempre

No es verdad, un día llegué a un after y aún no había abierto… Además, tarde, pronto son conceptos anabolizantes. Yo soy más de la opinión de Satie: "He llegado a un mundo muy joven en un tiempo muy viejo".

- Eso no tiene demasiado sentido, te das cuenta, ¿no?, espolvorear frasecitas así, sólo porque suenan bien…

Anoche, leyendo Los inmortales del gran Vilas, pensaba que si viviéramos 400 años, todos seríamos Kafka, Neruda, Einstein (a elegir). Comprenderíamos. Comprenderíamos. Eso pensaba, de la misma manera que todos moriríamos de cáncer.

- Tú a tu rollo. ¿Qué tiene que ver todo esto con la poesía?

Nada. Tampoco sé qué hago yo aquí, hablando conmigo misma.

- Lo habitual, querida. Lo habitual.

Por otra parte no me gustan los días de, me gusta el calendario limpito, el único tic tac en el que creo es el del corazón (un saludo, Emilio).
Los días de me parecen tan útiles como un tapete de ganchillo, sólo aptos para abuelitas ociosas.

-Ya llegarás a eso…

Espero, sí. Y llegar a tiempo por una vez en la vida.

-¿A dónde quieres ir a parar?

Yo sólo quería colgar un poema.

- Pues venga, dale.

Ahí va, un poema de Roberto Juarroz que es que me sulivella.

Una red de mirada
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos

sábado, 17 de marzo de 2012

Ese inquilino


Hace dos días que un ojo quemado me persigue. Un ojo humillado, alerta, tirante la piel en las afueras, un ojo que ha visto el horror, y lo mantiene en la retina, lo mantiene morfológicamente, la piel ya tensa aún de forma involuntaria. Un ojo modelado con ácido en un rostro de cera picassiano.
Lo que esconde ese ojo es una de las cosas más hermosas y abrazables que hay en esta tierra, no me digas que no.
El auténtico sufrimiento embellece, el que no se transforma en polvos de rabia o brillo de odio es el más extraordinario cosmético. Me parece muy bella esta mujer.

Vi a Redford en los 3 días del cóndor, vi a Bogart en Casablanca. Se me coló una abuela en la cabeza, con sus frases de abuela: Ya no quedan hombres como los de antes. Y es verdad, ya no quedan hombres con capacidad de aguantar el sufrimiento, de mascarlo y escupirlo como tabaco gastado, de extraerle el jugo y escupir los restos.
Hoy sufrir se ha convertido en algo vergonzoso que ha de ser eliminado cuanto antes, acorralado contra las cuerdas por esa estúpida felicidad de pressing catch, para todos los públicos, histriónica y ditirámbica.
Hoy el sufrimiento es catalogado de enfermedad que se cura con Prozac.

Cada vez estoy más convencida de que la victoria consiste en mantener a salvo al pequeño inquilino. No un ojo, no una piel tersa, no una cuenta corriente, no un qué dirán sino ese liliputiense que llevamos dentro en cuyo regazo, de noche, descansa la cabeza la conciencia.
El espectador más fiel, el que aplaude o abuchea, el que nunca abandona la sala.
Con quien mantenemos ese discurso interior (qué importante el oficio de contar), con quien construimos un puente de palabras por el que se pasea eso llamado yo.

Algunos lo confunden con dios, pero qué va, dios está afuera, muy arriba, sus pelotas haciendo sombra, mientras que él está dentro, posee todos los sexos y cuando se le mira con sinceridad desprende luz.
Y ahí dentro, entre bambalinas y vísceras, bajo los focos de la mirada interior, es capaz de transformar el sufrimiento en belleza, es decir en arte.

Y ponernos a salvo de maridos desalmados, de jefes cabrones, de dictadores represores, de traidores.

Conducirnos a la victoria por más que se pierda un ojo, por más que se pierda un brazo, por más que se pierda una vida.

viernes, 9 de marzo de 2012

Mercadona´s dream



En el fondo del arcón de congelados de Mercadona, entre las nécoras abiertas en canal y las langostas dormitando, vi asomar el feto de un bebé, envuelto en plástico prieto. Ni siquiera me sobresalté. Deposité de nuevo las colas de gamba congeladas, tomándolas del extremo del plástico con el pulgar y el índice y seguí mi camino hacia el pasillo de los lácteos.

Busqué la nata líquida sin éxito. Olía a humor descompuesto, a sudor fermentado.

En la sección de perfumería, un mechón de pelo con una casi imperceptible mancha de sangre reseca colgaba de un bote de champú.

Dentro del plástico, los gusanos habían devorado casi por completo una lechuga, dejando intactas las hojas de fuera.

El queso azul descansaba, limpio e inodoro, en el estante refrigerado.

Una charcutera rubia y maquillada cortaba jamón y sonreía mostrando un diente de oro. Una pescatera rubia y maquillada sonreía mientras hurgaba en las tripas de unos salmonetes, los hilillos de sangre enredándose en su alianza de oro.

El encargado, sin maquillar, dejó rebotar su mirada, de oro en oro. No sonreía.

Los tubos fluorescentes devoraban los colores como al payaso sin suerte de Micolor.

La banda sonora de terror en forma de hilo musical corría a cargo de Bisbal.

- ¿Quiere una bolsa?

- ¿Es un ofrecimiento del sr Roig?

- ¿Quiere una bolsa?, repitió la cajera, sonriente, rubia y maquillada. Son 3 céntimos.

- ¿3 céntimos? ¿sólo 3 céntimos? Déme 40 bolsas. De hecho, voy a dejar la compra y llevarme sólo las bolsas. Son tan buenas bolsas, resistentes, flexibles, suaves al tacto, con sus dos asas, su pequeño vacío dentro, su estampación. Son unas bolsas estupendas.

La cajera, rubia y maquillada, ya no sonreía. Su mirada nerviosa buscaba al encargado.

Afuera, un cartel de los chinos, escrito con rotulador, decía: tenemos los caseos más baratos que Mercadona.
Me pregunté qué serían los caseos.

En la puerta de la administración de loterías, un abuelo le contaba a otro la historia del único hombre del mundo que se quedó parado, que no fue hacia delante ni hacia atrás.

Me quedé plantada en la acera, cargada con mis cuarenta bolsas, fingiendo mirar el resultado del sorteo, para poder escuchar el final de la historia.