miércoles, 26 de noviembre de 2014

La que a veces no existe


















Y hay gente que crece en mi boca, bajo mis encías
socavando el silencio del árbol muerto

gente que reestrena el miedo de niña
miedo de negro puerta cerrada y es noche
de negro ojos cerrados y aún es día

hay gente que camina y a veces empuja, que se para, y a veces empuja, que ayuda a cruzar a la viejita y a veces empuja

gente cuyo dolor nace como excusa para el mal

hay gente con tanto ruido y tanta furia
que no deja oír el propio silencio

gente que controla los ingresos y los gastos, las entradas y salidas, los orgasmos y los nutrientes, los productos de limpieza y los rencores

hay gente que a solas nunca estuvo sola
y en compañía engorda su soledad

y luego está esa otra gente

la que a veces no existe. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Inercia y estrategia


Yo creo que avanzamos en la dirección correcta. Soy optimista, en fin. Creo que Rajoy está haciendo un gran papel, dinamitando desde dentro un partido y una forma de hacer política, una estética para caminar por la vida en definitiva, desde una tartamudeante desidia exterior y una cejijunta determinación interior. El hombre que supo balbucear, blando por fuera, duro por dentro, el que sí oye las palabras claras y de corrido en su cabeza pero al que se le pronuncian temblorosas está acelerando la agonía, dando paso a marchas forzadas a un nuevo panorama político.

También el PSOE arrima el hombro, rescatando una estética triunfadora de los 90, con ese marketing hecho hombre, de sonrisa perfecta y blanca como una promesa de felicidad ynoimportaeleuribor yvivetupropiatelenovela, con  la ayuda inestimable del oscuro puro de Felipe González como contrapunto, como símbolo fálico y fáctico. Tratando en definitiva de darle compulsivamente a la moviola del tiempo, con el utópico fin de hacer eyacular a un muerto.

Todos ellos contribuyen al viraje de esa categoría moral llamada aleatoriamente España, un cambio de rumbo ya imparable por la propia inercia (y sí, las parábolas cuando alcanzan su punto álgido empiezan a curvarse), esa inercia que muchos llaman Podemos (y el cabrito de Arcadi Espada Podéis) pero que no es más que inercia, tras tanto impulso conjunto.

Y es que una no puede dejar de ver la política como una partida de ajedrez viva, en la que las piezas tienen una identidad pero adquieren verdadero significado por su posición conjunta en el tablero, más que como manifestaciones inmutables de la moral individual, de unos colores propios, emocionales y futboleros.

Claro que muevo ficha con Podemos, visto el tablero, hoy, ahora, es la única opción estratégica posible. Mañana, ya veremos. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Pronunciar bien




















Ha llegado el momento de mandaros a todos a tomar por culo. A todos sin excepción, que no es nada personal, más bien una propuesta filosófica, un dedo corazón empalmándose por encima de las cabezas universales, un baile asincopado con el que sacudirse la otredad asfixiante, y la artrosis de la culpa, y los cabellos al viento.

Igual una es vieja ya para ser punk ¿te acuerdas cuando existían las tribus, cuando no era un acto infantil disfrazarse para estar en contra de, cuando las poses no habían sido vaciadas de su significado y aún parecía que se pronunciaba como se escribía?

Hoy se pronuncia respeto tu opinión pero se escribe así sufras lo que predicas, mamón, se pronuncia ningún rencor pero se escribe me has hecho daño, hijo de la gran puta,  se pronuncia yo te quiero pero se escribe si alguien tiene que devorar corazones crudos, me pido yo.

Iros todos a la mierda me encanta como premisa vital, a partir de ahí ya podemos empezar a pasarlo bien, a divertirnos, a amarnos, a disfrutar con la pronunciación. 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Por qué escribo













Una noche de pronto- fue anoche mismo- te apercibes de que ya no vives sino que más bien te cuentas la existencia, te narras, que la vida es sólo un material con el que te relacionas desde la más absoluta perplejidad, a través de las palabras, que corren por delante de la realidad, que llevan el timón, que todo lo usurpan, que todo lo ocupan, que ya sólo existen palabras, que lo han devorado todo. Que ya no vives las vivencias, ya no sientes las sensaciones, ya no te emocionan las emociones de forma directa sino traducidas- tú mediante- en palabras, en verbo, que antes de todo fue el verbo. Que después de todo también. Y es muy extraño. Es tristísimo. Hasta patológico si te descuidas. Es una puta locura. También es tranquilizador.
Anoche añoré tener quince años.

A mis flamantes alumnos, les pedí que contestaran a la pregunta de por qué escribo. Que lo escribieran, que escribieran por qué escribo (si menos por menos resulta que es más, incomprensiblemente!, tal vez escribir por escribir arroje como resultado vivir).

Traje a Banville para que contestara a la pregunta: “escribo porque la realidad no es real para mí hasta que no se ha pasado por el tamiz de las palabras. Escribo con el fin de imaginarme la realidad totalmente real”.
“¿Qué por qué escribo? por las mismas razones por las que leo, porque no me encuentro bien”, expresó con vital laconismo Juan José Millas.
“Porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central”, apuntó Andrea Camillieri.
Ante la pregunta, Carlos Fuentes se marcó una contrapregunta: “¿Por qué respiro?”
Gonzalo Hidalgo Bayal compuso un sincero juego de palabras "Por afición, por aflicción".
Santiago Roncagliolo confesó escribir por no saber hacer nada más: “no sé montar bicicleta, llevo un año tratando de sacarme el carné de conducir, no entiendo las declaraciones de Hacienda y, cuando se estropea el ordenador, la única solución que se me ocurre es llorar hasta que se arregle solo. Pero intentaré una respuesta más profunda: Creo que la realidad no tiene ningún sentido. Las cosas pasan a tu alrededor de una manera errática, a menudo contradictoria, y un día te mueres. Las cosas en que creías dejan de ser ciertas de un momento a otro. En cambio, las novelas tienen un principio, un medio y un desenlace. Los personajes se dirigen hacia algún lugar, la gloria, la autodestrucción o la nada, y sus acciones tienen consecuencias en ese camino. Escribo historias para inventar algo que tenga sentido”.
Luisgé Martín nos clavó un dardo justo en el centro: “Cuando escucho a algún escritor explicar las razones por las que escribe, pienso que yo también comparto esas razones. Todas. Me siento como un compendio, como uno de esos hipocondríacos que encuentran en sí mismos todos los síntomas de los que oyen hablar. Escribo como terapia psíquica, para ordenar el mundo y comprenderlo, para explicar el mundo a los demás tal como yo lo veo, para cambiar el mundo, para vivir vidas que no he podido vivir, para enmendar la vida que sí he vivido, para curar mis culpas, para pasar a la posteridad, para sobrevivir a la muerte, para sentir, al menos durante un instante, que soy Dios. Pero hace poco, leyendo el discurso de Pamuk en la Academia Sueca cuando recibió el Nobel, encontré una razón que nunca había escuchado así formulada y que me parece formidable: "Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo".


Por qué escribo, pensé anoche, como si no fuera la vida la que le escribe a uno, la muy chupona, la muy pendeja, la muy palabra. Como si de noche pudiéramos taparnos con algún sentido. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

No quiero magia



















Si tuviera una varita mágica, la haría desaparecer, eso haría. No quiero magia en mi vida, sólo realidad, ese lujo de los supervivientes, y de los saciados de leche materna, de los acostumbrados a la mansa felicidad. Nada de fantasías posmodernas en forma de oración, de carambolas relativistas que acaban por hacer crash en algún lugar indeterminado entre el bien y el mal. Sólo realidad, ese oscuro objeto de deseo de la ciencia, y también de la literatura, por qué no. Esa creación por encima de la verdad, eso que puede tocarse aunque yo no lo pueda tocar, eso que puede tenerse aunque yo sólo lo pueda desear.
Decía Naipaul que escribir es como hacer magia. “Si te limitas a mencionar una silla, evocas un concepto vago. Si dices que está manchada de azafrán, de pronto la silla aparece, se vuelve visible”.
Decía también que cuando leía un texto, en dos líneas sabía si lo había escrito una mujer. Que no le interesaba la sensiblería femenina. Yo le hubiera estampado la silla (con su azafrán) en la cabeza, a Naipaul.
Hace años, trabajé con un mago. Me limitaba a enseñar cacha y sujetarle los conejos y las palomas y los cachivaches varios necesarios para sus trucos, con la gracia autómata de una azafata con apoplejía. Me daba mucha vergüenza porque yo conocía esos trucos, yo sabía positivamente que hasta un niño de ocho años podía ejecutarlos (que no era Tamarit el mago sino un asturiano oblongo y alcohólico).
Pero sobre todo me daba vergüenza hacer lo que mi jefe no cesaba de pedirme: sonríe, tienes que sonreír. ¿Sonreír por qué? ¿Cuándo? ¿A quién? ¿Con qué motivo? No, yo podía engañar tanto, no podía hacer esa magia. Que se me iba a ver el truco, que se me iba a ver el alma, bruto, loco, explotador. ¿Truco o trato? Siempre tuvo la magia para mí algo sospechoso.


sábado, 4 de octubre de 2014

Dulce despertar




Repertorio 2.
Hacemos una versión en francés de Dulce despertar de Los Huracanes, un grupo valenciano de los años 60. Porque nos da la gana.


La realidad es ese lugar extraño. Ese en concreto. No otro sino ese. Sórdido, nítido, alucinógeno, kitsch, volcánico, real.

A la realidad se accede cayendo (que es la forma más realista de volar), por más que inmediatamente uno contraste que apenas existía desnivel. ¿tú no has soñado ese vértigo al caer de un ridículo bordillo que hace que despiertes sobresaltado?

Cuánto mide exactamente ese bordillo ya lo indagaron Platón y Aristóteles, y se siguen paseando por él, silbando sus teorías, los más grandes pensadores.

No creas que la realidad es lo contrario de la ficción o de la locura, ¿acaso España es lo contrario de Francia?  Que no es un concepto sino un lugar la realidad.

Algunos dicen que no existe, pero ¿cómo no va a existir? Se caerían los sueños, las locuras y los pájaros, ¿de dónde se sujetarían?

El problema es que tú no entiendes la realidad.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Lo importante es la melodía





Repertorio 1.


Mi soledad es un animal de compañía de tamaño mediano. Me mira y parece comprender. Mueve el rabo, se tumba a mi lado a comer moscas, rosas, restos de alas. Gruñe a veces. Le huele el aliento a padre podrido a veces.
Es hermosa mi soledad pero no desea que la posean (hay hombres que no te desean, te codician, le he dicho), sólo un plato fiel al final del día, una caricia en el lomo, cuando los lobos.
Pues claro que espera encontrar a otra soledad mi soledad- le jour où moi aussi- y follar como perros en celo en el fin de la noche.
Pero advierte, no toques su comida, no trates de herirla, porque se convertirá en una bestia salvaje, se comerá tu corazón y se alojará en el hueco que dejó, en silencio.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Decir















A veces se me olvida que el lenguaje sirve para decir, que la escritura sirve para comunicar, algo que parece evidente y no lo es tanto. Como cuando tuve por primera vez en mis manos un móvil de última generación, ¡OSTI, SI HASTA TIENE TELÉFONO!, exclamé excitada. A menudo se me olvida el sentido último del lenguaje, que no es otro que el primero. Algo muy básico. Y me envanezco luciendo prosa, y meneando estilo, me enredo en onanistas cuestiones, en demostrar inteligencia, o ingenio o belleza o incluso bondad, perversiones inconfesables incluso, me pierdo en la deriva de su música, en lugar simplemente de decir, de ir a por una idea y morderla como un perro de presa, de hallar la mejor manera de expresarla. Me quedo con en el dedo metido en el culo en lugar de dirigirlo hacia la luna.

Y no se trata, como creía antes, de la dicotomía entre ESTILO y TRAMA, de esa trampa que parte la literatura en canal, como si la trama fuera el corazón y no el hueso, como si el estilo fuera la piel y no la carne, como si la trama fuera el hueso y no la carne, como si el estilo fuera el hueso y no la piel (ya lo estoy haciendo otra vez). Como si ambas no formaran el cuerpo de la idea, un vehículo para que ésta alcance su destino.

No, el dilema es más bien otro: perderse o no perderse en el camino. Llevar a buen término la idea o dejarla tirada en la cuneta. Y tú dirás, ya, pero ¿y qué coño es eso invisible y etéreo, inodoro e insípido, de qué hablamos cuando hablamos de IDEA? ¿qué cabe exactamente en un idea? ¿Unos ojos, una moral, un universo portátil, un personaje, una emoción?

Tal vez habría que empezar por responder a la pregunta: ¿por qué escribe usted? “Para que me quieran” me satisfacía antes como respuesta (esta frase la dijo un intelectual peludo que si la llega a decir una hembra hubiera caído sobre ella toda la condescendencia erudita). Pero ya no me satisface del todo, ahora me doy cuenta de que se escribe para descubrir, para difundir unas ideas que van más allá de uno mismo y de su ego y de su vanidad y de su prestigio y de su necesidad de amor, se escribe como parte de una MISIÓN donde la idea es algo TRASCENDENTAL. Oh, una misión, y tengo miedo al leer lo escrito, una misión, Jesusito de mi vida, que eres niño como yo, ¿cómo sigues tan presente en mi adulto corazón DE ATEA?

Una misión que es decir. Decir sin más. Decir ¿con fe? pse… decir.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Incoherencia













Sufrir no es bueno pero haber sufrido es la hostia.
Que esta vida está hecha de contradicciones- que me muera ahora mismo si no es cierto- una lo asume con alegría. Que algunos más finos las llamen paradojas, que vienen a ser como el cerdo agridulce o el orgasmo melancólico, que vienen a ser, si me apuras, la materia prima de la literatura, da cierta tranquilidad.

Pero de ninguna manera contradicción o paradoja equivalen a incoherencia. No a INCOHERENCIA.

Las consultas de los psicólogos están llenas gracias a la incoherencia, a insolubles contradicciones compuestas por sólidas firmezas incompatibles entre sí, “odio a las mujeres pero amo a María”, “quiero olvidar pero no quiero recordar lo que quiero olvidar”, los partidos se frotan las manos gracias a la incoherencia, ante tanto proletario defendiendo los intereses de los proavariciosos, abre uno un diario y sólo lee incoherencias, a cuatro columnas, incoherencias con foto, incoherencias.

Admitir ciertas contradicciones, hacer que combinen bien, paradojizar en fin con estilo y sin pudor, nos llevará sin duda a la aniquilación definitiva de la incoherencia, a acabar con la lucha encarnizada ahí dentro, con esa suerte de nacionalismo interior en el que un yo quiere independizarse de los otros, cuando no conquistar israelitamente el territorio. ¿Que no?
 
Ahí va mi  receta contra la incoherencia:

Agarras los ingredientes, han de ser contradictorios (naturales o en lata), los echas en un bol y  los amasas con las manos. Esto puede llevar un tiempo. Normalmente, hará falta echarle un par de HUEVOS para que la masa se haga más fluida y se ligue mejor. Con el ungüento resultante, ya compacto, haces albondiguillas con forma de planeta imperfecto y te las comes. Te las comes, crudas, especiadas, con salsa si quieres, pero te las comes, en soledad te las comes, sin salpicar a nadie te las comes, sin escupir te las comes, sin vomitar te las comes. Y de paso haces de este mundo un lugar un poco mejor por más que pueda resultar paradójico que tragar sea un acto de generosidad. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Lovescepticismo




















Dice mi protagonista: “Soy escéptica en cuestiones de amor. Creo en la geometría, en la física, en la ortografía, pero no en el amor. Desconfío de todo lo que necesite de mi fe para existir. Creo apenas en las breves treguas escatimadas a la gravedad, en el deseo como algo tangible, en una erección súbita, en una humedad perceptible en las bragas. En pruebas físicas, contundentes. De la volatilidad del amor, desconfío. No necesito arrancar unos ojos de sus cuencas para redescubrir el mundo a través de ellos, y ver después cómo se secan y se opacan y se pudren por la falta de riego sanguíneo. No, mi cuerpo caza en solitario. No busco enamorar, sólo seducir. No quiero demostrarles lo buena que soy. No quiero fingir.

Y unos capítulos más allá:

 “Al bajar del escenario, sabía que estaba en deuda con él pero no tenía claro cómo pagar, con qué pagar. Porque yo no creo en el amor. Porque el amor no es más que descontextualización, la pérdida temporal de toda referencia, un oscuro túnel cuya luz al final es el deseo, un túnel del que, tarde o temprano, sale uno escupido a la realidad, mientras se pregunta qué demonios hace en pleno día y con las luces encendidas.”

Y va y se enamora, claro.
Va de chulita y de dura, y se enamora. En el fondo es una imbécil con mucho miedo.

Dice Kate Mollet: “ El amor ha sido el opio de las mujeres, mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban".


Igual como soy mujer hablo de amor. He de pensarlo. ¿Creo en el amor? He de pensarlo. Cuanto más creo, menos me enamoro, cuanto menos creo, más me enamoro. He de pensar en todo eso. Ya gobernaré mañana. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Viólame, pero sólo un poquito


Sea delito o no el asunto de Málaga, haya fundamentos jurídicos o no para meter a esos chicos en prisión (de hecho, no creo que sea la mejor opción) el asunto es triste, por no decir vomitivo, moralmente reprobable, por no decir execrable.
No me hace falta ver el vídeo de marras, me basta con saber que HAY UN VÍDEO, no me hace falta haber estado allí, me basta con escuchar a mi sentido común y mi experiencia para saber que si tienes 20 años y dos chicos te la meten por el culo (sin el cariño de la vaselina), por la vagina, por todos tus orificios, mientras otros lo graban, si además te roban el bolso, eso no es agradable.
¿Se corrió la chica? Yo apostaría a que no. Yo cuando me corro, acabo feliz y relajada, y no llorando en un bordillo y desorientada. ¿Se corrieron ellos? Yo apostaría a que sí, porque acabaron desayunando churros con chocolate y eso es una prueba irrefutable.
Sea delito o no- ya sabemos que la justicia debe decidir en una colisión de derechos, la opción más favorable para el interés general, que no es fácil ser juez, etc- mal vamos cuando para decidir si algo está bien o mal, buscamos el límite en las leyes, y no dentro, allá por donde la conciencia.
Si yo me ligo a un tío una noche- puedo ser muy convincente cuando me lo propongo-, y me lo llevo a mi casa, y se la chupo, y lo pongo cachondo, y lo ato, mmmm, y le meto un consolador marca Nacho Vidal por el culo, aunque no quiera, porque eso me pone, qué le voy a hacer: ¿estoy cometiendo un delito?
¿Un sí inicial a una relación sexual es una carta blanca para que el otro haga de ti lo que quiera?
Por lo visto en el caso de las mujeres, sí, por lo visto las mujeres debemos ser la encarnación de la sabiduría, la serenidad y la resignación. Debemos ser no ya vírgenes Marías, sino Putas Marías, pero siempre Marías.
Por lo visto, a nosotras no nos está permitido calibrar mal, los errores los pagamos con sangre y en nuestras carnes. A nosotras sólo nos está permitida la libertad sexual siempre y cuando no colisione con la del hombre, porque si es así, es esta última la que se impone. Y si te duele, te jodes, haber elegido muerte.
Que esta sociedad en la que vivimos es asquerosamente machista, hechos como este, e interpretaciones de hechos como este, aunque provengan de intelectuales, lo demuestran. El porno que consumimos es un reflejo de esta sociedad machista, un reflejo que a su vez contribuye a perpetuar unos estereotipos machistas, muy difíciles de derrumbar, porque el porno no se comenta en el bar con el café, ni en el descanso con los compañeros de trabajo.
¿Cuándo, por dios y por la virgen, cuándo veré a una mujer correrse en una peli porno, aunque sea de mentira, que ya sabemos que el cine es mentira? ¿Cuándo dejaré de ver a actrices pagadas (porque cobran) fingiendo (porque fingen) que es un gran placer que te metan dos pollas a la vez por el culo sin ni siquiera rozarte el clítoris (ah, el clítoris, ese pobre actor de reparto sin apenas frase)? ¿Cuando dejaré de presenciar con perplejidad el rostro de una mujer cuando  la obligan a tragarse un pollón hasta el fondo y pone cara de  “oh, sí, oh, cómo disfruto de mis arcadas”. ¿Cuándo dejaremos de pagar nuestro placer con dolor?
Que las arcadas no molan no me hace falta un juez que venga a decírmelo, que el porno mola pero no la violencia, la sumisión y el menosprecio que se ejerce contra la mujer en el porno es para mí evidente, aunque no lo sea para todos.

Que por eso, igual estos pobrecitos chavales de Málaga creían que eso es lo que nos gusta a las mujeres, y no entienden el revuelo que han montado, y se sienten víctimas también porque no hacen más que lo que se les ha enseñado. Que por eso hay que buscar la manera de hacerlos conscientes, de que entiendan. 

martes, 19 de agosto de 2014

Mi loca y yo



Leo que decía Steve Jobs que la creatividad consiste en conectar las cosas, que cuando les preguntas a personas creativas cómo han hecho algo, se sienten un poco culpables porque en realidad ellas no han creado nada, se han limitado a ver las conexiones entre las cosas.

Me pregunto quién habrá puesto todos estos trozos de novela aquí, que yo trato de conectar, a veces sin mucho sentido, a vece sin éxito. Juro que no recuerdo haberlos escrito. Yo sólo corrijo, corrijo, corrijo, a veces hasta la extenuación, a veces hasta la estupidez, a veces malogrando un texto, a veces desandando el camino para dejar las señales como estaban. Yo me limito a supervisar lo que hace esa demente con cierto talento innato, cuyos pasos persigo.  
Me pregunto de verdad, y no es una pose, de dónde vienen esos personajes, esas situaciones, cómo han brotado estos capítulos, NO RECUERDO haberlos creado.
Y pienso si acaso será tan traumático crear que uno necesita olvidarlo para sobrevivir, para poder seguir alumbrando letras en el futuro.
Si la creación es como un trauma de infancia, un trauma que se resuelve en la madurez de forma racional, lo que viene a ser corregir, corregir, corregir.
Me pregunto si las ideas, cualquier idea, nace del dolor o simplemente nace con dolor, de ahí el olvido.
Sin embargo, el sufrimiento sí lo recuerdo. El sufrimiento es tan mío que soy yo quien firma las obras con mi nombre y apellidos, mientras a la loca demente me hace pedorretas, a ella se la suda porque ella se caga en estas cosas mundanas, en el ego y en la autoría, y en el reconocimiento.

Y sé que es la loca la que me salva a mí de caer en ese abismo, ella quien me ayuda a conservar la cordura en el sufrimiento.