viernes, 31 de octubre de 2008

Presentes

Foto Sergi Albir

Desprendíamos tanta soledad pulida
que las palabras resbalaban
por nuestros cuerpos relucientes.
Callamos.
La tarde se alargaba con violetas
y un pájaro de fuego atravesó el cielo
veloz.
Y más lenta era la tarde
más corta nuestra vida.
No quedó nada por decir.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Un negro con un saxo

Patxi Bisquert y yo, en un fotograma de la película, poco antes de mi número malabar. Fotograma recuperado gracias al incomparable Pepito.

Una vez fui actriz. Secundaria y mala actriz.
Yo tenía 15 candorosos años aunque era mucho más vieja que ahora. Me llamó una prima mía que trabajaba en la producción de una película y me dijo: “buscan a una chica de unos 15 años y he pensado en ti. Te he concertado una prueba”.
Yo entonces era un cruce entre una ostra y un gato callejero.
Fui. El director, Francesc Bellmunt, nada más verme, exclamó: "Es ella! Es ELLA! No hace falta hacerle ninguna prueba, lo hará muy bien…" (pobre, qué ingenuo).
Yo me inflé de dentro hacia fuera como un pavo real, halagada por el estelar recibimiento y pregunté:
-¿y cuál es mi papel?
- Es una joven prostituta que....
Bien.

Se daba la casualidad de que ese mismo curso, en el instituto, en clase de valenciano, nos habían hecho leer la novela en la que se inspiraba la película: “Un negro con un saxo” de Ferran Torrent. Entretenida, aunque nada del otro jueves.
La película se rodaba en Valencia y Barcelona, en catalán o valenciano, no vamos a discutir por eso. Yo, además de ser castellano parlante de toda la vida, atravesaba una etapa de timidez enmudecedora, por lo que recitar el guión en valenciano era para mí como cantar la alineación del Atleti. Le daba el mismo tono, o la misma carencia de tono.
Aún recuerdo parte del texto (tengo una memoria de elefante para los datos completamente inútiles. Pero han de ser completa y absolutamente inútiles).

Anécdotas del rodaje:
Rodábamos en la Malvarrosa, al lado de las vías del tren. La Malvarrosa, antes de que remodelaran el paseo y derruyeran medio barrio, era un lugar fantasmagórico, un submundo espeluznante a tan sólo unos metros de nuestras casas. La mayoría de los que vivían allí eran gitanos dedicados al tráfico de drogas.
La escena se desarrollaba así:
Yo caminaba junto a la vía, custodiada por hileras de casitas bajas a ambos lados, y me encontraba con el protagonista, Patxi Bisquert, que investigaba la desaparición de una amiga mía. Yo, aunque pobre y prostituta precoz, era muy buena y le daba toda la información que me pedía.

Anécdota 1:
El ensayo lo hicimos sin tren. Con lo cual yo caminaba junto a la vía, de espaldas a la cámara y supuestamente el tren venía por detrás. Digo, yo caminaba junto a la vía, pegadita a la vía, sin tener en cuenta que el tren era mucho más ancho que la vía. Así es que, tras los ensayos, cuando gritaron Acción! y por el walki-talki se avisó al tren para que viniera, todo el equipo detrás de la cámara, a punto de ser testigo de mi atropello en directo, empezó a chillar histérico para que me apartara. Pero yo, con el ruido del tren, no oía nada. Menos mal que a pesar de la tremenda naturalidad con la que caminaba, con la cabeza completamente rígida, advertí por el rabillo del ojo cómo el tren que se me echaba encima y en el último instante, me aparté.

No me negarás que hubiera sido una entrada en el mundo del celuloide realmente espectacular.

Anécdota 2:
Mientras hablaba con el protagonista, en medio de la vía, yo tenía que encenderme un cigarrillo y quitarme la chaqueta con el bolso colgado del hombro. Hablar, fumar y quitarme la chaqueta, cambiándome el bolso de brazo. ¿No podían haberme pedido algo más sencillo, como hacer el pino puente mientras resolvía una ecuación de segundo grado? Claro, me hice la picha un lío y me saqué la chaqueta pasando el cigarrillo encendido por dentro de una de las mangas. Chula que es una. Y así se quedó.

Anécdota 3:
Las instrucciones eran que, una vez terminado el diálogo, me despidiera del protagonista, me alejara unos metros y saliera de plano, ocultándome junto a la puerta de una de aquellas casitas junto a la vía, que en la ficción era la mía. Mientras, Patxi, pensativo, se acercaba lentamente hacia la cámara.
Y eso hice, encogí mi adolescente cuerpo junto a una de las puertas, esperando escuchar la contraseña de Corten! cuando se abrió de golpe la puerta y por ella aparecieron dos auténticas energúmenas, dos personajes de película de terror, gritándome, insultándome y empujándome fuera de su puerta. “¿Qué venís a hacer aquí, a enseñar lo bien que vivimos? Fuera de esta casa, so puta”. Y yo, aterrada pero aferrada al marco de su puerta, como un naúfrago a la última tabla del barco, tratando de mantener el equilibrio entre zarandeos varios. Más que nada porque hubiera quedado muy feo que al final de la secuencia, mientras el protagonista caminaba hacia la cámara a lo Humphrey Bogart, al fondo hubiera aparecido yo, saliendo despedida de una de las puertas, a lo Peter Sellers, trastabillando y con cara de yo no he sido. Conseguí mi propósito pero sudé lo mío y eso que aún llevaba la chaqueta hecha un ovillo en la mano.

En fin, que el mundo del cine y sus entrañas resulta apasionante.

Ahí va el trailer recuperado.
video

viernes, 24 de octubre de 2008

El amor, la duquesa y mi subconsciente



Dicen que la duquesa se ha enamorado.
Podría ser como en una novela de Balzac, entre el frufrú de la seda y los exquisitos rituales de abanico de las fiestas de palacio si no fuera porque se trata de la duquesa de Alba, esa mujer que cada día se asemeja más a la coliflor que me encontré en la nevera, a la vuelta de unas largas vacaciones. Mustia pero entera.

Nunca es tarde para el amor.

A priori, todos pensamos en el carácter advenedizo del tipo y en el carácter francamente decrépito de la duquesa que diríase la incapacita para amar o ser amada. Pero ella sostiene la opinión de que aún es moneda de curso legal en este mercado. La sostiene y paga con ella.
No en vano al deseo siempre le ha gustado adentrarse por inextricables caminos (Como al Señor, mira tú por donde).

La duquesa se arrastra con sus piernas de trapo, su rostro brilla como el de un muñeco de cera y las palabras se deslizan por su boca con las secretas artes de un ventrílocuo.

Nunca es tarde para el amor.

Van al cine juntos, ella es remolcada por dos ayudantes de cámara que, a la salida del cine, la depositan en un banco junto a él.
Se miran, los rostros arrebolados por algo a medio camino entre la vergüenza y la pasión. Él, eclipsado por los flashes, los palacios de Lirias, los besamanos con la reina, y demás etcéteras aristocráticos. Ella, por su comparable juventud y por esas dos fuertes piernas que aún son capaces de sostenerlo.


Algunos objetarán que esas piernas caminan sólo hacia el interés, que él de quien de verdad está enamorado, y hasta las trancas, es del patrimonio de ella, de la anhelada trascendencia que le proporciona, de los lujosos palacios, de las portadas en el Hola.
Pero yo me pregunto si todo eso no es también ella, tan ella como el color de sus ojos o su compuesto nombre. Ella nació duquesa como otros nacen cetrinos.
¿O acaso tiene más mérito heredar unos genes espectaculares, imanes para el sexo opuesto, que heredar un patrimonio y un estatus social?
En esta partida de póker que es el amor, todas las cartas juegan y hasta está permitido ganar echándose un farol.

Esto es lo que escribí ayer. Luego me fui a la cama y esto es lo que soñé:

Estoy en una casa que no reconozco. De la habitación del final del pasillo, me llegan voces inquietantes. Alcanzo la puerta, la abro y veo a un tipo de unos cuarenta años pegándole a la duquesa de Alba que, ataviada sólo con unas enormes bragas color carne, gime de forma lastimera. El le da puñetazos cortos y repetidos en el brazo, cuyas blandas carnes aparecen tumefactas y amoratadas. Hay tanta violencia en la imagen que me sobrecoge. Cuando ella me ve aparecer sólo acierta a derrumbarse, lloriqueando: Bárbara…., dice, y se echa en mis brazos. Da una pena que ni os cuento.

La abrazo y la saco de la habitación, seguida del energúmeno (no se parece nada al supuesto novio de la duquesa ) que no cesa de lanzar protestas e improperios que no puedo recordar. Me giro hacia él, y en tono tranquilo y amable (¿?) le digo: ¿qué te pasa, no entiendes que no está bien pegarle?, ¿qué problema tienes?

Acto seguido me despierto, bastante angustiada por cierto. Son las cinco de la madrugada.

¿tú entiendes a mi subconsciente?


miércoles, 22 de octubre de 2008

De madrugada



Llueven sílabas sobre la ciudad dormida
y tú sólo tienes esta paz aturdida de un golpe,
el azul eléctrico y mojado
de las calles que, limpias de cadáveres,
transidas del humo de vejaciones diarias
se tienden sobre la noche, ofreciendo su lomo
en busca de caricias antiguas.

También tú buscas en la ventana,
lo buscas todo, distraídamente
y ves cruzar por un paso de cebra
a una tristeza japonesa con paso de gacela
que no responde a ningún nombre
cuando la llamas sin voz,
una tristeza con abrigo de pelo largo
que deambula sin pasado
bajo la turbia y llorosa luz de las farolas
en busca del último corazón abierto.

Se aleja
y sigue siendo madrugada
de suaves gatos en el aire
de perfume fresco de asfalto,
pasa una armonía azul
dentro de cada coche de luz
blanca.

Y disfrutas mansamente
del melódico taconeo de la japonesa
que aún resuena en tu mirada
y te abres a esta madrugada
que acaricia despacio soledades,
que exhala un aire denso
de sílabas llanas,
de palabras graves.

lunes, 20 de octubre de 2008

Ray ya sólo habla de amor



Ray ya sólo habla de amor.
Como si pudiera hablarse de otra cosa, pienso yo, que entre mis novelas preferidas están Rojo y negro, Mme Bovary o El amor en los tiempos del cólera. Que si en un western no salen chicas, no me interesa.
En una entrada anterior, le hice una
entrevista ficticia a Ray Loriga. Y en ella le preguntaba: ¿de qué trata su próxima novela? Él respondía: El amor. El amor son todas las enfermedades juntas.
Así, inconexo, enigmático. Eso fue cosa mía, claro, pero la frase era suya, extraída de otro lugar.

Y ahora resulta que:
Ray Loriga ya sólo habla de amor.
No tenía ni idea. Ni siquiera sabía que preparaba una nueva novela. Lo inventé.
Lo me lleva a pensar que hay ¿casualidades? ¿ duendes?, ¿es acaso la verdad tan brillante que se divisa desde lejos?
Y sobre todo, ¿puede la ficción ser un camino para llegar a la realidad?

Yo creo que sí, pero no a la realidad ésa con tan mala fama, la que considera que un cáncer de páncreas o levantarse a las 6 de la mañana para ir a trabajar a la fábrica es más real que un deseo etéreo o que todo el arte que despliega un prestidigitador en su show nocturno.
No. La ficción de imaginar la realidad en toda su amplitud.
La creencia de que, a fuerza de pensar, pueda llegarse a certeras conclusiones.
Si, como dice Flavia que dice Grace Paley: la verdad, cuando encuentra su nivel, flota.
Yo creo firmemente que sí.

Y he de confesar que, desde hace algunos años, son esas pequeñas boyas en el mar el auténtico motor de la vida. Esas conclusiones extraídas de las relaciones a la vez enigmáticas, a la vez reales despiertan mi curiosidad por ver hacia dónde se mueve todo, por tratar de captar el ritmo de una partitura que no logro descifrar pero que me hace mover los pies.

Resumiendo, que estoy deseando leer Ya sólo habla de amor. Y gracias al amigo Miquel, y a los ejemplares de promoción, la leeré gratis, lo que no hace sino incrementar el placer.

viernes, 17 de octubre de 2008

Paseo





Paseo

Entendí a Costafreda cuando dijo que los pájaros aullaban
a Plath cuando miraba el árbol y el árbol era inmortal
pero esta hormiga me mira y soy yo la inmortal
la que transita entre árboles eternos
de hojas mortales como hormigas
en cuyas copas, los pájaros se elevan
a la señal acordada
en oscuro enjambre de dulces aullidos
dejándonos a los tres
debatir sobre asuntos intrascendentes
que no esperan.



¿No es increíble lo que hace el Photoshop? éste es mi perfil original, en los de arriba un poco de magia con unos simples filtros. La tecnología no deja de maravillarme cada día ...

martes, 14 de octubre de 2008

La parte mayoritaria de la parte minoritaria



Se me ocurre, por pensar en algo y porque ya va siendo hora de actualizar este blog, lo tramposo que resulta hablar de mayorías. La mayoría del pueblo prefiere, la mayor parte de los encuestados afirma. Embaucadoras vaguedades como la “opinión pública” o el “público televisivo” se nos cuelan a dirario.

Pero ¿qué es exactamente la mayoría? ¿existe fuera de nuestra prejuiciosa mente? ¿es realmente ella quien mueve el mundo?
No nos engañemos, las cosas importantes se deciden siempre al margen de la mayoría.

Por ejemplo, si tenemos en cuenta que en las últimas elecciones de EEUU el 40% de la población no acudió a las urnas, ni el partido republicano ni el demócrata obtuvieron nada parecido a una mayoría. El partido más votado, el vencedor por goleada, fue el no partido, el partido fantasma, el conjunto vacío, la abstención.
¿Quiere esto decir que la mayoría de los americanos son anarquistas? ¿o es que sus cerebros son cachos de carne sólo apta para hamburguesas de Mac Donalds? Yo apuesto por lo primero.

Y es que ¿por qué negarle un valor a la nada? ¿Por qué razón los partidos tunantes, perdón, turnantes, olvidan automáticamente que están ahí por una minoría y no tienen presente que son sólo la segunda opción más votada?

Esto me lleva a afirmar mi postura de que quien decide, en todo, es una minoría que simplemente tiene mejores cuerdas vocales y grita más. Mientras, una tímida mayoría permanece callada.

Groucho lo explicaría a la perfección: la parte mayoritaria de la parte minoritaria será considerada la parte minoritaria de la parte mayoritaria.

En sociología se estudia un fenómeno sencillo que no deja de ser ilustrativo: la espiral del silencio. Dice esta teoría que ante unas ideas extendidas (sostenidas por una mayoría o una minoría que se cree mayoría) el que piensa lo contrario se abstiene de expresarse porque no es lo políticamente correcto, creándose una falsa sensación de homogeneidad.

Eso explicaría, por ejemplo, el porqué si ya nadie exhibe unas ideas machistas dignas de la España del tío Paco, siguen cayendo mujeres todas las semanas. Porque hay una parte que calla ante un clima poco hospitalario para sus ideas. Calla pero sigue matando, como la resistencia clandestina.
Igual que funcionó en su día la espiral del silencio en sentido contrario, haciendo que las mujeres ocultaran los malos tratos porque denunciarlos estaba socialmente mal visto.
Así, poco a poco, las minorías se van haciendo mayorías . Y también sucede al revés.

Dentro de uno mismo, también podemos encontrarnos con que nos dominan las minorías ruidosas, las que impulsan a coger un cigarrillo o a perseguir sueños imposibles, desoyendo las razones de peso de la mayoría.
Y también ahí dentro, la espiral del silencio nos lleva a acallar otras voces y pensar lo políticamente correcto: que somos dueños de nuestra propia vida, amos y señores de nuestros actos.

Mark Twain hizo una inteligente advertencia espacial:
Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.

Kafka dijo sin embargo:
En tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo.
Aunque el resto del mundo esté dentro de ti. (Esto lo añado yo. O al menos la parte mayoritaria que hay en mí).

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un amor secreto



Un amor secreto es un pliegue interno
que crece en círculo violeta
una herida abierta por la que respira el deseo
y es la sal trémula que escuece el deseo.
Es una hermosa palabra silbante
escupida de través al viento mordaz
un antro abierto
cuando todos los bares cerraron
y la sed no se aplaca con whisky solo
sólo con whisky.
Un amor secreto es
esa voz dentro con la que hablar
aunque su eco repita
a qué tanta soledad
a qué
tanta soledad.

Que me voy de puente y estaré fuera unos días, así es que hazme un favor y cuida de mis palabras que, en cuanto les doy la espalda, tienden a salirse de madre...

martes, 7 de octubre de 2008

Mi parte femenina no cree en Dios



Que soy mujer es un hecho. Que tengo glándulas mamarias, un clítoris, una vagina y de guinda, dos ovarios que lo avalan. Un todo completito.

Que tengo rasgos de hombre me lo dicen a menudo: que soy desastrada, que soy más bien precoz en alcanzar la cima del placer, que me quedo inmediatamente dormida, que cuando engordo tiendo a acumular grasa en el centro de flotación: en la barriguita cervecera y no en muslos y culo. Que soy impulsiva. Que me reí con la conjura de los necios.

Que poseo rasgos tópicamente femeninos, también: que cumplo a rajatabla las tres fases de la pre-regla, (angustia vital, ganas de ahogarme en chocolate, reventón en lágrimas y sangre).
Que cuando escribo tiendo a una cierta cursilería que me lleva a envolverlo todo con un lazo a motas rosas. Que tiendo a explicar cómo se sienten los personajes en lugar de ponerlos a mover el culo.
Que a pesar de ser clínicamente desastrada, cuando Mona Lisa, la chica que limpia mi casa una vez a la semana (se llama Mona Lisa ¿no es maravilloso?) me ordena la ropa, los suéters en degradado como un arcoiris, las braguitas apiladas con candor, en ese agujero que algún día será un vestidor pero que hoy más parece un puesto de mercadillo tras la visita de las hordas en rebajas, se me empañan los ojos de la emoción. Mi parte masculina ya le ha dicho si quiere casarse conmigo.

Que no tardé en hacerme la picha un lío con lo de mi parte masculina y la parte femenina de él, y mi parte femenina de serie, y su parte masculina de serie, y que todas juntas acabaron montando un sindicato y exigiendo por convenio unas condiciones laborales claras, la delimitación explícita de los turnos de trabajo y de las vacaciones de cada parte.

Que me hubiera gustado ser una sex symbol a lo Marilyn Monroe, y a la vez un sabio, intelectual y bonachón, a lo Unamuno. O una mezcla de ambos (¿?).

Que todo esto no son más que tópicos.

Que a menudo me siento confusa, que veo lobos tras el deseo, y hombres que consideran que merezco un castigo, y mujeres que muerden y compiten como lobas por el macho, y clubes que me cierran las puertas en las narices.

Que ya lo dije una vez: soy feminista porque no puedo evitarlo, porque soy mujer, como cualquier negro que se precie es mandelista, como Fidel Castro es castrista o Sánchez Dragó, sanchezdraguista.

Que en definitiva soy un caos que no hay Dios que lo arregle.

Que sé que si alguien tiene la culpa es Dios. Esa figura de género masculino, grabada a fuego en la infancia, ese ser omnisciente que nos cuida y nos vigila. Ese ser superior. Él. Dios, que no me hizo a su imagen y semejanza.

Que por eso mi parte femenina hace tiempo que dejó de creer en él.

viernes, 3 de octubre de 2008

Todos fuimos inmortales















¿Recuerdas cuando eras inmortal
y la luz violeta del atardecer
resbalaba por tu espalda,
como una cascada de ironía
lo hace por la lengua de los tigres?


No sé si te acuerdas
porque hace tanto tiempo de eso
cuando la muerte era cosa de otros
que guardaban su vergonzoso secreto
bajo paraguas enterrados en la arena.

Ella era entonces

ajena a tu futuro blindado
a tus pies menudos, desnudos, alados
a tu perfil francés
a tus ojos sin legañas de fracaso.


Tú te deslizabas entre las vías
con leve desidia, con inusitada gracia
y subías a los coches de los pervertidos,
y bajabas dorada de luz, intacta,
los pómulos rosa fucsia,
tan blanca la esperanza.

Hasta creíste que podías morirte
para después contarlo.

Ahora lo sabes:
todos fuimos inmortales.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Canciones de los 80

video

Dale al play, por favor.

Envidio a esa gente que siempre ha vivido dentro de sí misma, con su páncreas, su hígado, su estómago, siempre ordenados, en su sitio; transitando por un mundo que fabricaron sus padres para ellos. Los envidio. Porque tienen las manos blancas. Porque no han tenido que matar.

He tropezado con Boys don´t cry, de The Cure, una música que ya ni siquiera me gusta, y sus dardos han herido a alguien que ya no vive aquí, a un recuerdo en forma de círculo cerrado, perfecto y acabado.
Hay canciones que ya sólo me gustan con el corazón prestado del recuerdo. Si hoy las escuchara por primera vez, seguramente pasaría por su lado sin girar la cabeza.

Sin embargo, cuántas cosas pueden caber en una canción: la discoteca, los besos de túnel, el vodzka con limón, la amistad-coraza con superpoderes, oxígeno en cada calada al cigarrillo, dedos ajenos más osados que los propios, la inmortalidad, escupitajos al mañana.

Entonces aún se escuchaba música en las discotecas. Aún creíamos que podríamos salir indemnes.

Boys don´t cry, los niños ya no lloraban. Ahora, con 13, con 14, corríamos en círculo hacia adentro. Hasta estrellarnos. No sé por qué veo espirales cuando oigo esta canción.

Fue justo antes del silencio.

Esa adolescente fue sólo la primera víctima. Era ella o yo.
Fui yo.
Acabé con ella pero no la olvido y ése es su triunfo. Y éstas siguen siendo sus canciones.