viernes, 29 de enero de 2010

Toma viagra

Toma viagra. Busco una granja escuela en Internet para unos 25 niños, ¿qué hacíamos antes de que existiera Internet? Descubre tu nombre en élfico. Solicito un certificado de firma digital. Descubre en quién te reencarnaste. Toma viagra. El FMI dice que es necesario bajar los sueldos para crecer. Tecleo: “cartas de Rimbaud" en el Google, necesito documentarme, es importante, no basta con una temporada en el infierno. Barblasco: Special offer buy viagra. Respondo a dos correos. Añado a un nuevo amigo. Hazte fan del grupo de Señoras que van paseando y se paran en seco para dramatizar la conversación. Toma viagra. Escribo en su muro: “¡Cuánto tiempo! me alegra reencontrarte” (su cara ha encendido una chispa de luz pero no sé dónde colocar exactamente su cuerpo en mi opaco pasado). Amparo ha hecho el test de qué personaje de dibujos animados eres y te invita a hacerlo. Hazte fan del grupo de Señoras que llaman kibis a los kiwis. Toma Viagra. Dos partidos de sanción para el codo de Cristiano Ronaldo. Hazte fan del grupo de Señoras que se peinan como David Lynch. Dice Rimbaud en sus cartas: “Me porto bien pero el pelo se me encanece por minutos”. Toma viagra. Pienso que Rimbaud se peinaba como David Lynch. Hazte fan del grupo de Señoras indignadas por los grupos de señoras de Facebook. Toma viagra. Ya no distingo unos mensajes de otros, miles de ventanas se abren constantemente a mi paso. Toma viagra. Descubre cuál es tu nivel de inteligencia. Necesito alguna idea, necesito una buena idea, necesito al menos un espacio sin ventanas donde poder pensar.
Definitivamente, creo que lo mejor será que tome viagra.

martes, 26 de enero de 2010

Sólo pensamiento

otra foto de Sergi

Cómo expresar la distancia, cómo decir tan lejos, tan cerca sin ser Wenders, ¿cuánto mide un kilómetro emocional?, cómo explicar que Dios, cuando sale del eco de tu cuerpo, es una cacatúa, cuando gana la mayúscula pierde estatura. Cuando abandona el laboratorio se convierte en Hyde y ya sólo quiere sangre y putas. No te mires al espejo.
Cómo construirte un pensamiento con las manos, levantar tu estatua sólo con la mente, cómo explicarte que el amor no es más que descontextualización.
Cómo encadenar un post a otro para prenderte, largo, sin rozaduras, y llevarte a la boca, con mano amaestrada, el pan mojado en agua, y el pan mojado en agua, y el pan mojado en agua, tres veces al día. Y una lima desgastada. Ser tu verdugo, ser tu salvadora, ser tu único contexto. Hasta que seas estatua o dios, Jekyll o Wenders, y todo al tiempo. Hasta que seas sólo pensamiento.

jueves, 21 de enero de 2010

También muerte


Tras la vida
no sólo la muerte
también la muerte
no sólo el sueño
el insomnio
también es eterno

amémonos duro, amor
así, muy duro
el cuero de la realidad
ciñéndonos las muñecas
el deseo sodomizando al miedo

no olvidemos soñar sin recuerdos

pronunciemos amor
hasta que ya no dé vergüenza decir la palabra
amor
amor
amor tras amor
también muerte
pero no sólo la muerte.

viernes, 15 de enero de 2010

Preguntas

Mi amigo Sergi hace estas cosas. Un beso, Sergi!

¿Estoy trabajando en mi novela cuando huyo de ella, cuando corro todo lo que puedo para escapar a ese vacío que trata de absorberme para perder su nombre? ¿Cuando antepongo cualquier tarea insignificante a la que bautizo de urgente?
¿Cuando el remordimiento me cosquillea las puntas de los pies mientras me ronronea al oído su conocida letanía y yo me limito a bailar al son del aburrimiento, de forma sincopada para colmo? ¿Cuando me siento culpable, y ya no sólo por costumbre?

¿Pienso aunque sea de forma oblicua en mis personajes cuando amontono desprecios en los suburbios del ventrículo, cuando disecciono sonrisas, cuando archivo temperamentos por orden alfabético, siguiendo el sistema de clasificación decimal universal?
¿Cuando me asomo por el blogomundi a devorar unas cuantas letras, y comparo, comparo, comparo, comparo, hasta que nada quiere decir nada?
¿Estoy trabajando en mi historia, como una espía infiltrada en la mantequillosa realidad?

¿Es capaz el tiempo por sí mismo de ordenar capítulos, de buscar soluciones narrativas y hasta estilísticas por su cuenta y riesgo, y sólo en el ultimo momento, chivármelas al oído para que yo simplemente haga de corrido las modificaciones pertinentes, cual secretaria diligente? Me gusta eso: soy la secretaria diligente del tiempo. El Dios tiempo deja resbalar su mirada distraída sobre mis piernas entaconadas mientras me dicta sus cartas desafectadamente. Nunca he tenido buenas piernas. Y, peor aún, de taquigrafía no sé una patata. Claro que la taquigrafía es justamente una forma de burlar al tiempo, de esquivarlo, de atajarlo, de comprimirlo, de aniquilarlo por los bordes. Por lo que se adivina una palpable contradicción en mi profesión de secretaria del tiempo.


Y aun así, creo que todo ese lapso de tiempo desde que se empieza hasta que se acaba una novela cabe dentro de una novela. Aunque no se vea a simple vista, queda impregnado en sus páginas el olor de aquellos calamares que te zampaste en el bar, quedan todos los pedacitos de uñas de pies que fueron creciendo, procaces, y cortaste con saña, toda la sangre derramada con indolencia y puntualidad mes a mes, toda la baba caída de cada siesta, todos los vídeos bajados del youtube, todos los sueños arañados al subconsciente, todos los trocitos de sesos crudos esparcidos por sus páginas. El Fuera de campo existe. El fuera de campo se ve. Todas las veces que huiste y caíste por ese agujero a donde van a parar todas las cosas inservibles. Llámalo novela.

P.D. La vaga ésta de los cojones ya está buscándose nuevas y rocambolescas excusas para seguir ejerciendo su actividad favorita: perrear. Por favor, no le riáis las gracias, ni la animéis en estos estúpidos posts, o no vamos a acabar nunca.

viernes, 8 de enero de 2010

Pa´llegar hasta tu lado

video

Se apaga la ciudad
nos dejas cara a la pared
culpables, culpables por costumbre
te lleva la marea hasta la frontera
con toda palabra

je me sens coupable parce que j´ai l´habittude

gracias a tu cuerpo doy por haberme esperado
tuve que perderme para llegar hasta tu lado
gracias a tus brazos doy por haberme alcanzado
tuve que alejarme para llegar hasta tu lado
gracias a tus manos doy por haberme aguantado
tuve que quemarme para llegar hasta tu lado.

si el mundo es tan largo -es infinito, dices- no es verdad que te has ido

me entrego a tus brazos
con miedo y con calma
y un ruego de la boca
y un ruego en el alma

nunca será vanidad tu poesía.

lunes, 4 de enero de 2010

La frontera

Debería hacerme vegetariana, me dije el otro día, la tripa rellena de cordero, de foie, y de jamón ibérico. Seguramente es por el libro que estoy leyendo, Elizabeth Costello, de Coetzee, que a ratos es interesante y a ratos un coñazo total. Eso sí, para amenizarlo, la cabeza de Elvis Costello con sus enormes gafas de pasta han estado asomándose, como un conejito saltarín por entre las páginas del libro, por esos absurdos devaneos de la libre asociación.
En una de sus conferencias, dice el personaje de Coetzee, una anciana escritora llamada Elizabeth, que los animales que criamos y nos comemos son tratados como los judíos en los campos de concentración, torturados sin piedad hasta la muerte. Y nosotros somos ese pueblo alemán que mira hacia otro lado para no ver el horror que subyace en los mataderos, cerca de todas las grandes ciudades. Somos culpables. Nosotros somos las bestias. Y no sólo lo dice, lo argumenta.
Me ha creado bastante desasosiego.
Yo no suelo matar a los bichos, pero este verano aparecieron en la despensa pequeñas bolitas negras que se movían desde el fondo del cuscús, los cereales, el azúcar o los fideos. Me limité a limpiar y tirar. Un día, al abrir el armario, oí un sonoro revoloteo, y cerré deprisa. Más tarde, enormes mariposas me restregaban sus vivos colores naranjas y negros al encender la luz de la cocina.
Así fue como me convertí en genocida de palometas, justificándolo por mi superviviencia y la de los míos. Nuestro alimento o ellas, nosotros o ellas.

Pero ayer maté a una tijereta sin motivo. Encendí la luz del dormitorio y allí estaba, escalando la pared, moviendo histéricamente las antenas en señal de emergencia.
Se aproxima el monstruo gigante, armado con una enorme zapatilla, estoy perdida, sopeso mis posibilidades de escapar, una entre mil, estoy en campo abierto, y aunque tengo muchas patas, son todas tan cortas que nunca alcanzarán a ponerme a cobijo, que sea lo que Dios quie… Cras. Ya sólo soy una pequeña mancha en la pared.
Aún habiéndome puesto en su lugar, como es habitual, maté a la tijereta. Me maté. Ni siquiera pensé en libros carcomidos, en letras lentamente devoradas en la oscuridad, en que yo soy mis libros. Sólo me dije: total, entre llevar una vida de tijereta y estar muerto….

¿Dónde está la frontera que divide a un asqueroso asesino de mí, a un nazi, a un parricida, a un uxoricida de la asesina de la zapatilla, esa que sabe que se torturan y matan animales cuyo cadáver luego mastica y traga con deleite mientras sonríe en rojo sangrante, la conciencia limpia por la inopia?
Y pensé si es posible aproximarse a una ética incontestable, a unos principios universales que sirvan en la intimidad, adoptar unas convicciones claras cuyos hilos puedan estirarse hasta el final, limpiamente, sin enredarse en contradicciones. Poder mantenerme a salvo y no ser culpable.

Dicen que los tomates gritan al ser arrancados de la mata.

Al día siguiente, mientras cenábamos un rodaballo, lo comenté con E. Le confesé mi asesinato gratuito y mi angustia ante la dificultad de establecer fronteras éticas claras, ante los peligros del túnel unidireccional y autoprotector de nuestra mirada, ante la hipocresía y la crueldad.
Con su terrenal sabiduría, E. dijo:
- Y sí, no hay un principio universal. Pero una cosa es cuestionarse la frontera y otra es cuestionarse permanentemente todo el territorio. No se puede vivir así.
Me pareció una buena respuesta aunque aún no sé qué conclusión extraer.